miércoles, 24 de octubre de 2007

Bad dream with incomplete good ending

I had a strange dream last night, might be should I say nightmare... you'll see, I dreamed about this girl called La hija de puta (The daughter of bitch), yes, is the same "person" that write to a letter posted time ago.

On the dream La hija de puta came to me, again, asking for my friendship, she said all her pain, told about problems and more shit. But something was different I talked to her in order to forget everything! - I'm awake and I still haven't believed that -. We talk, I don't remember about what, but I really felt sorry for her. But when he left I spoke to myself "What a hell are you doing?! don't you see that she'll use you again?!".

Be trailed was in the air, I felt as a jackass again.

Suddenly the dream change about my attitude, dump her, tell her "go to scroll your fucking dirty ass!". I started to fell good, pretty good... unfortunately the alarm sounded, I have to go.
But still is good knowing that I'll never fall into hers clutches again, never more!!!

viernes, 19 de octubre de 2007

Atención por atención

La tarde era bonita y anunciaba una noche nocturna*. Veníamos Israel y yo de CU con rumbo a Coyoacán para tomar una cerveza, como siempre escuchando el iPod con un audífono. Al dar la vuelta para tomar la calle que nos llevaría directo al centro Coyoacán, -ésa que pasa frente a la iglesia, en esa vuelta en MAQ con flecha hacia la izquierda-, donde nos esperábamos la flecha en verde, un policía se nos acercó de mi lado y me preguntó:

-¿Es radio o es celular?
Sí, yo tampoco entendí. Entonces pregunté:
-¿Qué?

No recuerdo las palabras exactas, pero se refería a lo que yo estaba escuchando: si era el manos-libres del celular o el iPod. Contesté con la verdad: el iPod; entonces el amable policía (que nunca dejó de serlo) me pidió la tarjeta de circulación, a lo que yo pregunté el por qué; dijo que me daría una multa por escuchar el iPod. Mientras él revisaba la tarjeta yo argumentaba que sólo estaba usando un audífono, pero dijo que ameritaba una infracción. Como noté que de ahí no lo iba a sacar, decidí no seguir discutiendo… por ese momento. Claro que no entiendo la diferencia entre traer un audífono del manos-libres en la oreja y traer un audífono de algún aparato de sonido: a final de cuentas los dos te ocupan un oído. El policía me ordenó que me estacionara pasando la calle.

En lo que llegaba adonde nos indicó, pensé en qué decirle para disuadirlo de la infracción. Está claro que había algo raro en todo eso. Nótese que Israel(El Fulanito) y yo tuvimos tiempo suficiente para platicar, porque el lugar donde nos ordenó estacionarnos estaba aproximadamente a 50 metros de esa esquina y el policía, gordo y bofo como cualquier policía de tránsito que se precie de serlo debe ser, tardó mucho en llegar.

Una vez con el policía del otro lado de mi puerta, mientras le daba mis documentos, hice alusión a mi confusión. Hasta ese momento creía que con usar solamente un audífono no violaba el reglamento... En fin, el policía seguía diciendo que no, que eso equivalía a una infracción y que no la podía dejar pasar. Entonces recurrí a mi última instancia, le dije que revisara mi historial, que no tenía ninguna multa, que si lo podía dejar con una amonestación verbal y yo como caballero me comprometía a no volver a incurrir en la misma infracción. El policía, con lo ojos brillosos y una sonrisa cínica, comenzó a hablar palabras difusas: decía algo sobre una agua, un café, un tequila; yo, inocentemente, no entendía: no creo que el policía me quiera ligar, ¿entonces, por qué me pide cosas así?

Como después de hacerme esa pregunta seguía sin una respuesta coherente, pregunté:
-¿Cómo?
Entonces, el policía hizo un esfuerzo, y tan grande fue su esfuerzo que recurrió a las leyes de la física para darse a entender:
-Usted está pidiendo una atención, entonces usted debe dar atención. Como dice la ley: "A toda acción...” –el pobre no dio para más, eso fue lo único que recordó de la tercera ley del buen Newton.
¡Fue entonces cuando se aclaró todo en mi cabeza! Tomé mi tarjeta de circulación y mi licencia, porque ya me las había devuelto sin escribir ninguna multa.
-Cumpla con su deber.

Entonces, al más puro estilo NO-me-vas-a-decir-como-hacer-mi-trabajo dijo que sólo revisaría que los documentos estuvieran en orden, pero que si luego me acordaba de él y pasaba por donde estaba, que me acordara de su “buena persona” y le llevara un agua o un café, dependiendo cómo esté el clima. Ahora sí estaba seguro que no me quería ligar, lo cual es un alivio en primer lugar porque no me gustan los hombres, y si ya me es incómodo tener a una mujer que acose...; y en segundo lugar porque, de gustarme los hombres, creo que tendría el mismo criterio de selección que con las mujeres: no gordas que desborden la lonja, incultas y mucho menos que le apeste la boca.

La historia terminó bien para nosotros. Con sutileza y un toque inesperado, llamé corrupto a ese policía y se lo restregué en la cara; y, por si fuera poco, ¡me salvé de una multa! Enseguida nos fuimos a brindar con una cerveza bien fría.


*Cita a los exquisitos.