lunes, 18 de junio de 2007

Sin título

No entiendo lo que me pasa, pero viéndome comprendo a Einstein cuando decía que conocía dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, pero no estaba tan seguro del universo...
¿A qué se debe mi apatía? ¿es apatía? ¿qué me pasa?


Me dejaré morir... enloquecer.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay algo mas que Einstein solia decir y me parece una frase mucho mas inteligente, luego te la comento...

Unknown dijo...

También denunciar la estupidez humana con ese tono mordaz me parece de lo más inteligente de Einstein, y no son pocas sus muestras de inteligencia.

Y no, no creo que seas estúpido, Neto. Al menos no por las razones que expones. Ni la pereza ni la apatía alcanzan a cubrir lo que sientes; es decir, no lo explican, son el resultado y la expresión de ese sentimiento más profundo que no logras saber bien de qué se trata.

Creo que has sido poseído por un enemigo ancestral, el Demonio Meridiano, que conduce al terrible estado llamado acedia.

¿Es, acaso, tristeza agustiada y desesperación? Santo Tomás la califica como una tristeza relacionada con la bondad espiritual esencial humana. Acedia -empobrecido el contenido original al llamarlo "pereza"- es considerado el pecado capital por excelencia por razones de corte teológico que sería ocioso exponer aquí.

Basta mencionar que no es una falta de deseo ante las posibilidades de hacer: la acedia es un impulso del deseo de querer llevar a cabo todas las posibilidades de acción (podríamos definirlo en un rango de acción delimitado en un proyecto de vida), pero la imposibilidad de obtenerlo. El perezoso quiere, desea, anhela ver cumplidas su metas, pero rechaza el camino para obtenerlas. Y resulta deseperante precisamente porque hay un punto de llegada, pero no un camino, y es imposible huir de aquello que no se ha alcanzado.

A lo mejor nomás estás pasando por una crisis de pérdida de sentido de las cosas y la vida. No es cosa minúscula, pero me parece que tiene remedio (en tanto no te dé pereza alcanzarlo). A mí me funcionó inyectar buenas dosis de nihilismo a mi vida, acompañadas de humor y aceptación valemadre cuando pasé por una crisis similar. Desde entonces adopté la sana filosofía del "Hakuna matata".

Me angustia pensar en el futuro. No tengo desinterés por mi vida, simplemente procuro dar a los eventos la atención que requieren y procurar no excederme porque luego me preocupo de más. De algún modo, como en Possibly maybe de Björk, prefiero dejar que la incertidumbre me emocione.